
Muchas veces a lo largo de nuestra vida, poseemos cierto tipo de pensamientos que afectan directamente nuestras emociones y conductas, este “modo de pensar” viene producto de nuestras vivencias, nuestro entorno y muy particularmente la forma en que hemos sido criados por parte de nuestras familias.
A través de ellos hacemos lo que se denomina “aprendizaje inconsciente” el cual es un tipo de aprendizaje que se realiza sin que realmente nos percatemos del mismo, como por ejemplo la forma de interactuar socialmente, la manera en que nos comportamos con otros miembros de la familia, nuestro sistema de valores, por mencionar algunos ejemplos.
Dentro de nuestras vivencias infantiles, también van repercutiendo (de forma consciente o inconsciente) la manera en que nos tratan, la forma en que personas significativas se relacionan con nosotros y van dejando huellas que marcan hasta la vida adulta sin que nos demos cuenta. Este tipo de “huellas” o “heridas emocionales” generan disfunción en nuestro comportamiento adulto, deterioro en nuestra autoestima, generar relaciones codependiente o tener dificultades de vinculación, realización y finalización de proyectos, aumento de ansiedad, depresión, inseguridad en nuestro proceder y toma de decisiones entre otras. Un proceso terapéutico nos ayuda a descubrir qué es exactamente lo que nos afecta y poder remediarlo con mecanismos de afrontamiento adaptativos, durante un proceso se da un “redescubrir” quienes somos realmente y como solucionar y darle un adecuado cierre emocional a estas “heridas del alma”.
