
No sólo son nuestro derecho, también nuestra responsabilidad, no podemos pretender que otros nos defiendan y asuman esa responsabilidad por nosotros y evitarnos el trabajo de definir nuestros límites y ante todo hacerlos respetar ante las otras personas. Cuando no asumimos nuestra responsabilidad de determinar lo que permito en mi presencia, no podemos simplemente quejarnos de la situación y sentarnos a esperar que las otras personas cambien su mala conducta hacia nosotros, me toca a mí buscar mi fuerza interna y poner un alto.
